El gol de Paulinho incendia el Real Madrid: el 'Top Secret' del vestuario blanco con el Barça

En el seno de la plantilla madridista irrita mucho la situación que se está viviendo en este inicio de Liga.

El triunfo del Barça en Getafe este sábado le pone las cosas un poco más difíciles todavía al Real Madrid, que deberá ganar sí o sí en Anoeta si no quiere verse a seis o a siete puntos del equipo azulgrana en sólo cuatro jornadas disputadas. La Liga no ha comenzado del todo bien para los blancos, que ya han cedido dos empates, y que llegan a su partido contra la Real Sociedad apretados por las bajas.

 

Sin Cristiano Ronaldo, sin Marcelo, sin Benzema, sin Kroos, sin Kovacic y sin Vallejo. Este Real Madrid vuelve a estar diezmado por las lesiones y las sanciones, y se juega las habichuelas frente al conjunto más en forma de todo el campeonato junto con el propio Barça. Un Barcelona que logró ganar en el Coliseum gracias a un tanto salvador de Paulinho a falta de poquísimo para el final, algo muy propio del Madrid de Zidane el año pasado.

 

 

Precisamente, este triunfo ha encendido un poco más, si cabe, a un vestuario madridista ya sobre avisto desde hace días: prohibido fallar más. El equipo no está jugando bien, pero en frente hay un rival que gana incluso jugando peor, y al que le sigue acompañando la suerte casi en cada choque. La pasada temporada, el Real ganó la Liga no sin sufrir prácticamente hasta la última jornada. Y eso que es casi unánime la sensación de que fue muy superior a los azulgrana.

 

Todo esto refuerza la idea que se tiene desde hace tiempo en la casa blanca: para igualar el rendimiento del Barcelona en Liga, el Madrid tiene que multiplicar sus esfuerzos. Cada Liga blanca vale por tres culés. Y no tiene que ver sólo con la facilidad con la que los de Valverde sacan los puntos. La ‘bula’ arbitral con jugadores como Suárez, y algunas acciones puntuales del choque frente al Getafe (posible penalti de Piqué y posible falta antes de uno de los goles del Barça) también encienden al vestuario. Por todo ello hay que dar un golpe sobre la mesa en San Sebastián.