Épico choque entre Mbappé y Messi… y el PSG sufre el problema Final

Antes y durante el partido, la estrella francesa y la argentina apenas sí se miraron, no tuvieron gestos el uno con el otro y su relación es nula

La final del Mundial de Qatar sí cumplió con las expectativas en cuanto a la calidad, la emoción y los protagonistas de la misma. Argentina mereció ganar este partido, y por tanto el título, el tercero de la albiceleste, pero Francia, con el juego rácano siempre planteado por Didier Deschamps, que esta vez no tuvo premio, también debería haber tenido recompensa para su gran crack, un Kylian Mbappé al que le salió cruz, pero que por jerarquía y presencia está más que dispuesto a llevarse la corona individual del balompié más pronto que tarde. Eso sí, más allá del partido, las dos estrellas del PSG, gigantes, revelan un problema en París.

En el choque decisivo, los sudamericanos sabían a qué jugaba Francia y sabían cómo debían jugarle a les bleus (mérito de Lionel Scaloni), mientras que los campeones en 2018 pensaron que su sola presencia bastaría para hacer valer su estatus. No fue así, Argentina iba con todo y su determinación fulminó de golpe la idea inicial gala hasta el punto de que Deschamps tuvo que cambiar el argumento, ya dos goles abajo. Messi hizo de organizador, Griezmann desapareció y el resto del choque se entiende desde el empuje latino, incontestable, y la respuesta rotunda de un titán, Kylian Mbappé, el mejor jugador del choque, el único capaz de dejarlo vivo pese a la superioridad de un equipo sobre el otro.

El empate final, con prórroga por medio, dejó la sensación de que Argentina ya había ganado, sobre todo porque Dibu Martínez, un especialista en los penaltis y mucho mejor portero hoy en día que el ramplón Hugo Lloris -quizá la portería haya sido últimamente uno de los puntos negros de les bleus-, le tenía tomada la medida a todos los franceses que no son Mbappé. Y así se escribió la historia, para Messi, que vistió el oro por fin, y para Mbappé, que ya es leyenda de los Mundiales.


Relación tirante, seca

Y si las dos estrellas brillaron más que el resto en la Copa del Mundo, el PSG, propietario de los dos dieces, más allá de la alegría inicial de ver a sus cracks en primera línea planetaria, revela un problema: simplemente El Tortuga y La Pulga no se llevan. Más aún, casi ni se soportan. Se retaron mutuamente en el duelo, no se saludaron más que de forma muy tímida, no se sonrieron, no tuvieron el afecto mínimo exigido para dos tipos que comparten vestuario. Puede decirse que su unión es profesional, pero si algo nos enseña el fútbol es que con eso no llega en este deporte, la pasión es clave, la conexión, y de eso le falta al PSG con el argentino y el francés. Ambos habitan el mismo espacio y eso irrita a sendos astros. No tengan duda: tal asunto pasará factura al equipo de la capital de Francia.