Hasta Gerard Piqué está hundido: última hora demoledora en el Barça

No dejan de acumularse las malas noticias

Todos en el Barça respiraban optimismo e ilusión después de que Joan Laporta fuera elegido como nuevo presidente. Los socios y los aficionados confían en que sea él quien saque al club de la ruina y de las penurias que vive, después del paso de Josep María Bartomeu, el peor presidente de su historia. El abogado catalán parecía ser la persona indicada, pues ya tenía experiencia en el cargo, y logró devolver a la entidad a lo más alto en su momento, convirtiéndoles en los mejores del planeta.

Pero en su segunda etapa se está encontrando con más problemas de los que podía esperar, y eso que ya sabía que estaban muy mal. Para empezar, las votaciones se atrasaron mucho más de lo previsto, ya que, en principio, querían que se celebraran en octubre o noviembre. Finalmente, fueron la primera semana de marzo, tanto por la situación sanitaria que ha provocado el COVID 19, como por las pocas prisas que se ha dado Carles Tusquets, de la Junta Gestora.

Finalmente, el pasado fin de semana se eligió a Laporta como nuevo mandatario, superando a Víctor Font y a Toni Freixa. Al fin, un rayo de esperanza y de ilusión, en el que esperaban dejar atrás los días tan complicados que han vivido en los últimos años. Pero nada más lejos de la realidad, pues, a los pocos días, se encontraron con el primer obstáculo: la dimisión del vicepresidente económico, Jaume Giró. Él era el responsable de sacar adelante la crisis en la que están inmersos.

Su relevo, que estaba llamado a ser Eduard Romeu, está teniendo muchas complicaciones para entrar en la directiva, y puede que finalmente no pueda hacerlo. Pero lo peor no es eso, si no que al nuevo presidente del Barça le faltan 50 millones de euros, de los 124 que debía de presentar como aval. De modo que, si no logra solucionar este problema muy pronto, en los próximos días, su candidatura quedará como nula, y deberá de dejar su puesto.

La solución es dejar entrar a nuevos miembros en las oficinas, que tengan un patrimonio importante. Hasta Gerard Piqué y Leo Messi están nerviosos.

La situación es límite.