Goles son amores… y también buenas razones

La Liga vuelve, pero lo hace igual que nuestra sociedad

Un “Hola, encantado”, acompañado de un apretón de manos o de un par de besos en las mejillas. Así era el protocolo de saludo hasta hace tres meses y que ahora suena a vintage, en esta “nueva normalidad” a la que también llega desescalando el fútbol español.

Aún estamos adaptándonos a la mascarilla, accesorio otrora de turistas generalmente asiáticos de esos que contribuían a llenar las arcas de Barcelona, Real Madrid y otros clubes completando los tours por sus estadios como si de visitas al Prado o al Reina Sofía se tratasen. Y todavía nos sentimos confusos en esos primeros reencuentros en los que el impulso del contacto físico se ve frenado por la alarma social y la amenazante advertencia de contagios y futuros rebrotes. Un gesto, una sonrisa oculta, las palabras y, en algunos casos, un choque de codos sustituyen los cálidos abrazos de antes.

La Liga vuelve, pero lo hace igual que nuestra sociedad. El Mono Burgos, que abandonará el nido del Cholo al acabar este mini sprint final para volar solo, asomaba por una alcantarilla en el regreso del Atlético a Primera División, allá por 2002, con una expresión que conjugaba sorpresa, incertidumbre y emoción. Quizás fue una premonición propia de un episodio de Matt Groening, pero aquel gesto refleja a la perfección un sentimiento general y actual.

Volveremos a los campos, sí, y a disfrutar apoyados a la barra de un bar junto a amigos, también. Pero aún no. Como nos ha adelantado la Bundesliga, ahora son los suplentes y cuerpos técnicos quienes ocupan las gradas y tendremos que acostumbrarnos a que haya más policías que aficionados en los vomitorios y entradas de los estadios. También tendremos que hacer el oído a los gritos, palabrotas y vocablos de los pocos que estén en los campos. Como el fútbol de regional, el de barrio, el de toda la vida. Pero, por lo menos, volvemos a disfrutar de lo mejor de este deporte y de su esencia.

Olvidémonos, por el momento, de los tumultos emotivos junto al banderín de córner tras un gol de Messi, Morata o Benzema. Dediquémonos, simplemente, a valorar lo más esencial de este deporte: la emoción de un gol y de un triunfo. Volvamos a soñar mirando hacia arriba pensando en visitar con nuestro equipo el año que viene los mejores estadios de Europa. Compartamos con un amigo o con un compañero de trabajo ese meme del fin de semana tras haber ganado el derbi. Aprovechemos esos noventa minutos para evadirnos de la cruda realidad en la que estamos, cojamos aire y miremos al descenso desde la tranquilidad y la distancia. O, incluso, disfrutemos del sufrimiento que supone la agónica lucha partido tras partido por no caer en el pozo de segunda.

Crisis, pérdidas familiares, paro, agobios económicos… Mayúsculos problemas que se aferran a nosotros en estos tiempos de pandemia, que han dado un revolcón a nuestra vida y que son difíciles de alejar de nuestra mente. Sin embargo, muchos, con la vuelta de la Liga, encuentran un remanso de paz temporal. Tres meses después, el fútbol tampoco es igual, pero es fútbol. Un oasis en medio de un desierto por el que quizás nos quede mucho por andar, pero donde podemos parar y descansar. No es, ni mucho menos, la vacuna contra el COVID-19 y tampoco va acabar con los dramas que se han colado y okupado numerosos hogares durante el confinamiento. Pero el fútbol y los goles, aunque no serán como antaño, sí ayudarán en esta nueva normalidad.

¿El opio del pueblo? Quizás. ¿Una industria millonaria que se aleja día a día de valores del deporte? Ahora no tanto, pero volverá a serlo, seguramente. Lo que no perderá jamás el deporte en general y el fútbol como rey a nivel nacional es su capacidad para aunar a personas con vidas de lo más dispares frente a una misma pasión. Esa pasión que culmina en el gol y que hace que durante hora y media, el mayor de los desafíos sea como batir al conjunto rival. Por eso, como ayuda y terapia emocional, aunque sea superficial y efímera, estamos de enhorabuena porque el fútbol y la Liga están de vuelta.